EL GÜERITO CUCURUMBÉ
José Noé Mijangos Cruz
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Pasadas las elecciones estatales en la que aquel 5 de junio el Partido Acción Nacional (PAN) se llevó 7 de las 12 gobernaturas (tres en alianza con el Partido de la Revolución Democrática, PRD), el presidente de esa organización política Ricardo Anaya Cortés, viene envalentonándose de que su partido abanderó varias causas importantes que dieron como resultado el triunfo de estos gobernantes electos cuya acción colectiva vinculó personalidades polémicas como Yunes en Veracruz, Corral en Chihuahua y Cabeza de Vaca en Tamaulipas. La defensa verbal que Anaya predispone como un ensayo heredado por el panismo rancio, también hace temblar a sus homólogos de los otros partidos políticos que como el priísta, no obstante su ascendencia burócrata, no le duraba más de tres minutos a Anaya en una discusión ante las cámaras de televisión. La pigmentocracia (si soy blanco, soy pudiente y temo que contrastes conmigo por mi determinismo racial) hizo blandir opiniones temerarias que pueden comprometer el desenlace del PAN rumbo a la carrera presidencial de 2018.
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En realidad, la candidatura de
Margarita Zavala es importante en este tramo de la definición por ascender en
la tabla de posiciones, pues desbancar al PRI se asoma como posibilidad por
algunas razones de peso: 1. Ser mujer, cuando la “afirmación positiva” de
género (ascenso deliberado para la mujer debido al trato diferenciado legítimo)
se encuentra en su punto álgido y México ya requiere una gobernante que figure en
los conciertos internacionales como el caso chileno o el caso alemán, 2. Su
curiosidad política si no es destacada, por lo menos es moderada, cuidando las
proporciones cuando se abocó a instancias de poder y gobernabilidad, y
alejándose prudentemente de los excesos de su marido, 3. Su probable opositor
inescrupuloso lo es el mismo Anaya, aunque las formas partidocráticas ya no
esperarán más la cuota de género que en el PAN se la deben a quien la desee
detentar, 4. De ganar la selección interna Margarita, obligaría al PRI a modificar
su apuesta inicial de proponer a Nuño y podría incluso subir al podio Claudia Ruiz
Massieu, 5. La obsesión de Andrés Manuel López Obrador (AMLO), antes atractivo
personaje político ahora tendría la desventaja de la “afirmación positiva” en
su contra, obligándolo a presentar una candidatura congruente con esta
posibilidad de oferta electoral.
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La dote de orador experimentado
de Ricardo Anaya, muestra una evidencia que los mexicanos no buscamos, porque
nos desentendemos con la aspiración de estas vetustas organizaciones políticas
que para el caso mexicano, sus dirigencias no han conseguido esgrimir
favorablemente a sus bases sociales la legitimidad que alguna vez se esperó en sus
sedes nacionales. Si bien logró el derrumbe temporal (un asunto más de ilegitimidad
partidista) de Manlio Fabio Beltrones, que lo situó como su perdedor por
antonomasia, y que como un animal de caza no lo dejó balbucear porque ya lo
tenía medido en su falta de condición discursiva (dada su longevidad acendrada
en la dirigencia nacional del PRI), Anaya no es atractivo para muchos mexicanos
que miramos fuera de las ciudades más que el amago mediático de justificar su
llegada impaciente a una de las carteras que los panistas con tino y juicio le
atribuyen principios ineludibles de sus fundadores.
El panismo nunca ha estado peor,
pues sus ahora gobernantes electos traen aparejadas sendas investigaciones que
en próximas fechas se sobreseerán o se confirmarán, y ante ese impasse no se puede dar el lujo de
reunir pulcritud donde no se supervisó su cumplimiento, ni se puede asumir un
triunfalismo determinante donde sólo las cifras le adjudicaron una ganancia que
no pudo ser de otra manera, considerando que sus opositores le ayudaron a subir
las cifras electorales por las desatenciones sociales que los Duarte’s de
Veracruz y Chihuahua y Egidio Torre de Tamaulipas le ayudaron como una noria a
llevar agua a su molino. Pero Anaya quiere ocupar un lugar que un público zombie le otorga cuando le cree su
postura de ganador indiscutible, estando las cifras como están, y
confundiéndose las clases políticas en las fiestas que la Casa del Jefe Diego
se pitorrea en mostrar como un lugar donde hasta Carlos Navarrete del PRD puede
degustar tan ominosas viandas y el reportaje en Periscope de Xóchitl Gálvez se trasluce como formando parte del personal
de servicio incluido en el banquete. ¿De qué nos quiere presumir el güerito
Cucurumbé?
Twitter: @JNMIJANGOS
(Publicado en +Noticiasnet.mx Voz e Imagen de Oaxaca, 12/08/2016, p.10A)
(Publicado en +Noticiasnet.mx Voz e Imagen de Oaxaca, 12/08/2016, p.10A)