José Noé Mijangos Cruz
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No dudamos de la legitimidad de los ciudadanos mexicanos cuando,
debido a la confidencia, suponen que los escenarios en donde se están
presentando (la realeza española o el vaticano), sean sedes en donde se pueda
disponer de decisión personal para balbucear alguna acusación que detente la
invasión a la soberanía de una nación. En una plática privada, la información
puede suponer “sometimiento” o “confesión”, dependiendo del lugar en donde
cualquiera se encuentre, como, por ejemplo, empezar un discurso con la
expresión “su majestad” o emplear la relación clerical para invocar medidas
restrictivas que supone otro Estado puede exigir al nuestro.
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La reciente aparición de Gustavo de Hoyos, Presidente de la Coparmex
en una “cumbre empresarial iberoamericana”, lugar donde se supone el discurso
es elevado y subyace un compromiso discrecional con la nacionalidad de origen,
naturaleza que guarda relación con la independencia del país representado, el
reconocimiento al orden internacional y las motivaciones aspiracionales como
factor de la producción en México, detonó en una supeditación de súplica
patriotera, buscando que las naciones ahí representadas, por un instante, se
olvidaran de la “libre autodeterminación de los pueblos”.
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En esa misma medida, el presidente López Obrador ha tenido noticia por
medio del diplomático acreditado en la Santa Sede (órgano de la iglesia
católica), que emisarios mexicanos, a quienes les puede sobrar legitimidad para
informar de la marcha de los asuntos en nuestro país, vierten denostaciones a
este régimen que recién nos gobierna, y que del todo no hemos mantenido un
periodo completo en el que podamos concluir que su gestión es deprimente. La
clase empresarial mexicana debe evitar pedir canonjías que no hayan sido
expresamente concedidas en el marco de la ley.
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Para comprender los lugares en donde ulteriormente un mexicano pudiera
suplicar clemencia, podríamos empezar diciendo, que el Rey de España, en sus “pases
de revista” de las fuerzas armadas, en su carácter de Jefe de Estado,
interactúa con autoridades políticas de las comunidades o regiones donde se
encuentra llevando a cabo el acto protocolario, y figuras relevantes del PSOE
(Partido Socialista Obrero Español) evitan rendirle pleitesía, saludando de
mano sin bajar la rodilla o evadiendo besar la mano de los reyes; ya ni qué
decir que es uno de los tantos países que no cantan el himno nacional. Por
cierto, un ajuste merecido de comentar entre el Estado Español y la Santa Sede es
la transformación diplomática memorablemente redactada y suscrita en 1976 y
1979, durante la transición del gobierno de Adolfo Suárez y los Pactos de la
Moncloa (las relaciones con la iglesia católica ya no volverían a ser las
mismas de antes).
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A la clase empresarial que dirige la Coparmex, a juzgar por quien la
preside, le sobra representación y le falta visión de Estado para adoptar
compromisos exigentes ante una “organización internacional para Iberoamérica”
que al darle intervención a Gustavo de Hoyos Walther, sólo obtuvo ritual
costumbrista, clásico y desangelado, que descuidó las formas y desconoció el
fondo desde donde deben funcionar las cámaras empresariales de cualquier país: 1)
medir la cooperación internacional en los procesos de cambio económico, 2) investigar
los índices de productividad en el mundo y 3) dictaminar la aceleración
económica. En plena pandemia, la clase empresarial internacional ha tenido que
ser creativa para no echarles la culpa a sus gobiernos, a los que al fin y al
cabo representan, pues son la “sociedad política” (o sea, el Estado) de cada
nación ahí representada.
Twitter: @JNMIJANGOS
(Publicado en +Noticiasnet.mx Voz e Imagen de Oaxaca, 18/06/2020, p. 6A y en El Heraldo de Coatzacoalcos 18/06/2020, p. 12.)