jueves, 2 de agosto de 2018

EL NUEVO AEROPUERTO Y LOS NUEVOS POBRES

José Noé Mijangos Cruz

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El sociólogo Daniel Bell profetizó inversiones cuyo germen para el abatimiento de la clase marginada y el surgimiento de la clase media en regiones con desarrollo precario, en realidad decantaría en lugares con densidad demográfica cuya primer mundo no estaría a la vuelta de la esquina, pues el “pero” para las regiones no occidentalizadas van desde reservas de su población adyacente hasta el servilismo que el desarrollo tecnológico seduce en los lugareños. En política, el debate se centra hoy en la construcción de Nuevo Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México (NAICM). Carlos Slim defenestra la versión de López Obrador y no le concede el espacio para debatir la continuidad del proyecto, debido a la prolongación de años en el que se ha consolidado esta inversión, pretendiendo agotar la discusión en los actores políticos en campaña dada la calidad eventual para ocupar la presidencia de la república.

Lo interesante sería que los “5 millones de habitantes de la zona más pobre y abandonada de la zona metropolitana del Valle de México, en 10 o 15 años (crecieran como) clase media” a partir de este complejo comercial que en voz de Carlos Slim el NAICM detonaría. Juan Goytisolo llamó a los poderosos que se han crecido en áreas metropolitanas homogéneas, los “nuevos ricos”, en contraposición a los “nuevos pobres” que rivalizan sus intereses con los poderosos creando comunidades cultas de transferencia económica y migración ritual. Éstos últimos, no han perdido la fe de conseguir asideros económicos sin perder sus costumbres ancestrales, pero de eso a convertirse en “clase media” (Conjunto social integrado por personas cuyos ingresos les permiten una vida desahogada en un mayor o menor grado) existe una diferencia semántica.

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El desarrollo económico visto como una mano de obra barata que sólo será convertido en trabajo mecanizado que admitiría “microprocesos” (algo así como el verbo lanzado desde un dependiente de cajas en un supermercado pasando inspección a los productos comprados: “¿Hasta aquí llegan sus productos?, ¿desea una recarga?, recibo un billete de 200 pesos) haría residual la calidad de vida, pondría en entredicho los ascensos a puestos de percepción alta y reduciría a la clase media a un operario uniformado que demuestra pulcritud durante su servicio para sólo regresar a la pobreza en su “villamiseria”, “rancho” o “ciudad perdida”. El Grupo Aeroportuario de la Ciudad de México (GACM) no debería ser obstáculo para regresar a la iniciativa privada toda la operación de este mega proyecto. Carlos Slim peca de “entrópico” (nada puede regresar a su cauce original por los mismos procedimientos que propiciaron lo actual) y en ese trance le otorgo más certidumbre a la versión del AMLO neguentrópico (que no el Mesías tropical como le pusiera Enrique Krauze).

López Obrador no sólo debe entrar al debate de la construcción del nuevo aeropuerto, sino que debe delimitar ya, desde este momento, su aporte neguentrópico (todo se puede adecuar, reformular, discutir, reconducir para que el trabajo terapéutico en las clases pobres pueda volverles la posibilidad de un proyecto de vida integral, congruente con el desarrollo del país e incluyente como situación humana imprescindible). No abona a la asertividad discutir la construcción del nuevo aeropuerto desde la exclusión de actores políticos que generan con su postura ideológica una idea de nación desde la campaña electoral. Por supuesto que esta idea que se le antoja a una buena parte de la clase empresarial de México como una postura rupturista, desatiende la construcción de una verdadera República, desde las voces más complejas que se tornan poderes públicos en el futuro inmediato.

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El “tren del mame” podría descargar ante este impulso ensordecedor que el liderazgo de Carlos Slim representa, la versión aquella de que su cámara no enfoca a los nuevos pobres, tampoco enfoca a los liderazgos políticos (igual de poderosos que él), no enfoca a López Obrador pues lo tilda de metiche en asuntos que la empresa y el gobierno ya han arreglado a largo plazo, no enfoca a los despachadores de billetes de vuelos comerciales que ahorrarán toda su vida para utilidades frívolas. Su cámara sólo enfoca a cierta clase política que le daría continuidad a las inversiones de alto calado, sin cambiar el panorama social y sin preservar el panorama cultural. Su cámara enfoca al México delimitado en círculos concéntricos estratificados y desenfoca lo que no le suena ordenado al modo en donde las inversiones que se alquilan en el mercado internacional requieren de la formalidad de un lenguaje especializado, occidentalizado y no promiscuo.

Twitter: @JNMIJANGOS

(Publicado en El Universal http://www.eluniversal.com.mx/articulo/noe-mijangos/nacion/ante-el-naicm-la-camara-de-slim-no-enfoca-nuevos en +Noticiasnet.mx Voz e Imagen de Oaxaca, 23/04/2018, p. 6A)

jueves, 19 de julio de 2018

GRUPO CARSO Y LAS VELAS JUCHITECAS

José Noé Mijangos Cruz

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Grupo Carso tiene presencia en el Istmo de Tehuantepec desde que ICA transmutó los trabajos de la Carretera Mitla-Tehuantepec a este consorcio empresarial, previo a la toma de posesión de Alejandro Murat. El 7 de septiembre pasado, tras los sismos que afectaron no sólo a Juchitán de Zaragoza sino también a buena parte de las comunidades del Istmo de Tehuantepec, Grupo Carso dispuso de maquinaria para la demolición de viviendas y traslado de escombros.

Juchitán de Zaragoza, es una comunidad que canceló sus festividades de mayo después de considerar estoicamente que no se puede dar el lujo de organizarlas si su reconstrucción no se resuelve en los tiempos precarios de que dispone. Una de las velas iniciales, la de los “pescadores”, en la populosa séptima sección, no obstante la reconstrucción total de su capilla luego del terremoto del 7 de septiembre, debatió su participación entre los socios, su mayordomo y el padre de la soberana, llegando a la determinación al igual que los otros comités de festejos de las 19 velas concurrentes que ya las han declarado como irrealizables, debido a las condiciones de emergencia que imperan en esta población istmeña.

Foto: Carlos Sánchez
Las velas son festejos que reciben su nombre del velo que los cubría del sereno en las noches interminables de Juchitán. Además, la iluminación con candiles hace disponer la creencia que durante toda la noche se debe velar la alternativa de festejar animosamente los bailes populares y demostrar la fe en el Santo Patrón que los representa allende sus fronteras: San Vicente Ferrer. El mes de mayo es festejado de principio a fin, y es desde abril que los compases del “Pito Nisiaba” (chirimía) ya se escuchan al amanecer por las principales calles, cuando en Calenda se desprende de festejos que han durado toda la noche.

Dos velas son las concentradoras de las demás. San Vicente Goola Lado Norte y Lado Sur. Estas velas disputan su preferencia a partir del lugar en donde tienen acogida y los grupos musicales que contratan, los cuales deben ser lo suficientemente famosos para ser abarcativos en público, atención y pistas abarrotadas. Declarándose en estado de indefensión ambas velas, las demás siguieron el curso de no participar en las festividades de mayo de 2018. Sin embargo, la reconstrucción ya ha comenzado en Juchitán. Como dato curioso, el Centro Escolar Juchitán, una escuela primaria que resultó severamente afectada por el terremoto de septiembre, fue demolida y construida desde sus cimientos. Habilitado en su totalidad, ya es un recinto emblemático de la reconstrucción de este municipio, tercero en importancia en el estado de Oaxaca.


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Foto: Roselia Chaca
Siguiendo la lógica de que llegado el caso, Grupo Carso de Carlos Slim auspiciara las dos velas grandes, las demás velas estarían ingeniosamente maniobrables para llevar a cabo la totalidad de las velas de la comunidad juchiteca. Además, desde el comienzo de este año, Juchitán ha burlado la vigilancia que el Ayuntamiento juchiteco le había impuesto como multa a quien infringiera la ordenanza de no alterar el orden público. En entrevistas en redes sociales que este comunicador ha realizado desde noviembre de 2017, los invitados concluyen que es necesario continuar con los festejos de mayo, pues eso relajaría el ánimo decaído que en un primer momento reinó en esta población devastada por el terremoto.

Así que en Carlos Slim y el Grupo Carso, al encontrarse en total armonía con su despliegue filantrópico, considerando que estas festividades vienen siendo las más importantes de esta población, tienen la encomienda de procurar que estas manifestaciones culturales sigan un ritmo de crecimiento y algarabía, propia de sus costumbres ancestrales.

Twitter: @JNMIJANGOS

(Publicado en El Universal http://www.eluniversal.com.mx/columna/noe-mijangos/nacion/grupo-carso-y-las-velas-juchitecasen +Noticiasnet.mx Voz e Imagen de Oaxaca, 26/03/2018, p. 7A)

domingo, 31 de diciembre de 2017

JUCHITÁN MÁS ALLÁ DE LA RESIGNACIÓN

José Noé Mijangos Cruz

Juchitán es un escenario contemporáneo que fractura la mentalidad de su gente, después que ha asumido una actuación protagónica ante la complejidad de siniestros en los que se encuentra inserto. Juchitán en fase de resiliencia opera con recursos adyacentes a los entregados por el Banco del Ahorro Nacional y Servicios Financieros, y demuestra una vez más que los servicios financieros se doblegan ante su sobrevivencia inusitada. Juchitán y su área comercial, es un importante centro de decisión que contrae las ganancias de los acaparadores y moviliza las inyecciones de capital local. Su administración municipal no ayuda en nada, por eso Juchitán es su gente, sus desarrolladores empresariales, su mística de servicio y la naturaleza de sus productos.

En el entorno geográfico en el que se encuentra Juchitán, la resistencia se ha quedado menguada, pues los reclamos que los grupos contestatarios se atrevían a limosnear, han perdido la fuerza que ha sobrellevado un pueblo entero en pro de justicia y equidad. Los sucesos recientes, han puesto a Juchitán en un tono donde el emprendedurismo y la acción colectiva cohabitan en acciones de relevancia económica y social. Ante la amenaza que la administración pública municipal conviene en escalar hacia fines electoreros, la sociedad civil se prepara para desarrollar alcances inmobiliarios de grueso calado que podrían dar una imagen de mayor concreción ocupacional en las zonas que hasta este momento se encuentran en terreno llano, dada la urgencia de demoler los cientos de casas dañadas que aún quedan en pie.

La imagen urbana que un Juchitán contemporáneo necesita, debe considerar la vida moderna de sus ocupantes, pues nuevos desarrollos implican nuevos lenguajes de proyección técnica y profesional por donde debe pasar la acústica de los proyectos consultivos, núcleos de inversiones y conveniencias que preparen a los asociados de profesiones demandantes ante áreas de atención social y patrimonial que se enfoquen en atender requerimientos globales como las Zonas Económicas Especiales, y su gobernanza desde asambleas de participación comunal.

El área financiera generada sólo en bancos, debe diversificarse ante expectativas bursátiles y de transferencia tecnológica, recreando un dilema ante la llegada a la región del Istmo de Tehuantepec de Inversión Extranjera Directa que no sólo fluctúe como un blindaje de las leyes y del Senado mexicano, sino que también genere figuras asistenciales como el Senado estatal y el Senado municipal. Los bancos en Juchitán de Zaragoza son una reminiscencia de la oscuridad terminológica llamada “atavismo crematístico”. Se han visto limitados ante una exigencia de la región que demanda servicios financieros atingentes, con portafolio de inversiones hecho a la medida del consumidor promedio y resolviendo con prontitud sus sedes que no deben quedar vacantes pues los convierte en incompetentes, negligentes e indolentes. Existe un banco que hasta el momento no tiene resuelto su sede en Juchitán, sus cuentahabientes tienen que viajar a Santo Domingo Tehuantepec o a Ciudad Ixtepec.

Cuando los empresarios de Ciudad Ixtepec o Salina Cruz, agradecen a sus administraciones municipales por atender medianamente sus requerimientos fiscales, de promoción de la industria local y de la actualización de los bienes y servicios, una vez que el gobierno del estado coordina las bases de actuación obrero patronal, los empresarios de Juchitán lamentan que sus órganos públicos se encuentren rebasados, relentizados y en ánimo parsimonioso que la chabacanería les aplaude de sobra.


La imagen urbana de Juchitán es un pretexto para recomponerla desde sus cimientos siniestrales, habría que animar a la sociedad civil para que se diseñen sus espacios en función de un complejo industrial y comercial que revele su historia de trabajo, de productividad y de énfasis en asumir su responsabilidad generacional ante la oportunidad que la misma naturaleza le da.


Twitter: @JNMIJANGOS

(Publicado en El Universal http://www.eluniversal.com.mx/articulo/noe-mijangos/nacion/juchitan-mas-alla-de-la-resignacion en +Noticiasnet.mx Voz e Imagen de Oaxaca, 29/12/2017, p. 7A)

viernes, 27 de octubre de 2017

SALINA CRUZ: HISTORIAS QUE SE VAN CON LA DEMOLICIÓN

José Noé Mijangos Cruz



Hace una semana fue demolida la casa de mis padres en Salina Cruz. Fue el saldo del terremoto que azotó el Istmo de Tehuantepec el pasado 7 de septiembre. Mi madre falleció un mes antes. Ella se fue como contando 30 días antes de ese evento natural que nos marcó para siempre. La planta baja recibió todo el daño estructural. Dos plantas más le sobresalían a esa casa donde transcurrieron encuentros que ahora nos recuerdan el esfuerzo de mis padres para obtenerla. El día de su derribo, mi padre se agarró estoicamente de su integridad para soportar los días de gloria que le ciñeron a esa casa su destino inusitado. Nadie hubiera pensado que terminaría así ese bien preciado para la familia.

Todo cobra sentido, ahora. Su demolición tuvo que ser en octubre, fecha que pertenece a esta familia como signo distintivo. Hace algunas décadas nace su primogénita y mis padres arrancaron su idílica vida en una fecha exacta al nacimiento de quien encabezaría su prole: 2 días después de su demolición. Mi madre, de vivir, no resistiría la tentación de encomendarle los escombros a sus seres divinos, esos seres que pertenecieron a su vida indígena. Hablaría su lengua, idioma que sólo interpretaría mi padre; vedado para el resto de su familia. Nunca nos enseñó el chontal y ahora nosotros pagamos la factura de la desindianización.



Por la parte externa, esa casa tenía una escalera de caracol, desde donde a ratos deslizaba en segundos mi humanidad por entre sus peldaños. Esa travesura era el terror de mis amigos de secundaria que no lograban superar el vértigo que traía aparejado el maniobrar a la altura de un tercer piso. Esa casa nos ceñía a la vida como sus aventuras contadas. La vista desde la azotea del tercer piso era magnífica. El mar se captaba con nitidez. Esa casa se encontraba a escasos metros del malecón. De seguir en línea recta hacia el mar, llegaría al muelle pesquero, travesía que de niño realicé en algunas celebraciones del Día de la Marina. La dársena podría contarse en sus partes seccionadas desde la magnificencia con que nos complacía la altura de la casa de mis padres. El astillero a la derecha. Frente a él, el muelle que atracaba barcos petroleros, para terminar el recorrido de la dársena con el muelle fiscal. En algunas ocasiones desde la azotea de esa casa, siendo un escolar en transición de la primaria a la secundaria, pretendí saludar a mi papá que maniobraba en el muelle petrolero. Lo recordaba de una foto, parado sobre el muelle, viendo cómo se las arreglaban sus operarios en un buque tanque petrolero.

A mi madre la capté más de una vez en la cocina de la planta intermedia de aquella casa derruida, dominando las legumbres o sentada frente a la tele. Hasta los últimos días, la televisión la apasionaba por las tardes. Tardes de pan de su pueblo y amplias tazas de café. Su risa o su cara expectante no la puedo olvidar. Al pie de esa casa la celebración de su virgen mágica nos recordaba que ya estábamos en diciembre. Fiel a esa celebración esa casa retumbaba con los sones que orquestas le rindieron como honor durante el “baile velorio”, todos los años. La virgen de Guadalupe fue su pasión. La capilla que ahí existe para celebrarla, es un afán inquebrantable de mi madre por no olvidarla nunca. Su campana la despidió aquél 9 de agosto. En vida, ella mandaba avisar con los campaneros asignados (uno de ellos es mi papá) en toque de responso que había un fallecimiento en el perímetro.



Los nietos albergaron esa casa como propietarios natos. Decían que era su casa y que no habría poder humano que los pudiera relevar del cargo. Conocían cada escondrijo para pasar inadvertidos. Corrían sobre sus confines con precisión. Sus pies eran una suerte de dios Argos y su gracilidad una suerte de poder ubicuo. Hace unos días recordamos a uno de ellos, que de vivir, hubiera cumplido el 21 de octubre 34 años.

La habité por última vez de 2002 a 2004. Mi habitación en el tercer piso miraba hacia el cerro próximo. Cerro cuyo cimiento de piedra no dañó casas. Esos benditos cerros salvaron a Salina Cruz. Vivir en las zonas bajas fue donde se rescoldó el efecto del sismo de magnitud inusual en la zona. La casa de mis padres fue seleccionada para perecer, si a alcances tiránicos de la madre tierra nos atenemos. Ya no existe más. Fue el pensamiento grande de mi padre que hace unos días en un restaurante me contó desgarradoramente: “debí hacerle caso a tu mamá, no debí insistir en que se levantara un tercer piso”.


Twitter: @JNMIJANGOS

(Publicado en El Universal http://www.eluniversal.com.mx/columna/noe-mijangos/nacion/salina-cruz-historias-que-se-van-con-la-demolicion y en +Noticiasnet.mx Voz e Imagen de Oaxaca, 27/10/2017, p. 7A)

miércoles, 18 de octubre de 2017

DESGRACIA AJENA Y SU CONSUMO EN ZONA DE DESASTRE

José Noé Mijangos Cruz

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Twitter SEDATU

Una proporción de gente del Istmo de Tehuantepec radicada en varios puntos del país e istmeños agenciados en este perímetro, se constituyen como avales de terceros interesados que ofrecen un sinfín de productos y servicios para ayudar a sus paisanos (con esa intención se propaga). Pulula un sinnúmero de ofertas de empleos (explotación programada), incentivos para el emprendedurismo (usted da el dinero, le hacemos llegar la cena a una familia en desgracia y yo lo administro) o la típica dádiva de la despensa electorera. Todo esto con la actuación complaciente de autoridades que a algunos voluntarios les retiene la carga y a otros, en cambio, le otorga salvoconductos para hacerse de un lucimiento personal tras la necesidad consumista de los informes impropios que vaticinan mayores catástrofes para los habitantes de la zona.

“Ellos se conforman ahorita con todo…”, reza la conmiseración mercenaria que lucra con la pobreza preconcebida para endilgarles su afán de esfuerzo inútil y destino manifiesto de miseria ancestral. Nada será mayor que la utilidad de renacer de entre los escombros, mientras permita renacer a trasnochados profesionales del arte, la cultura, la política y el empresariado. Deslucidos y faltos de gracia, de fama y de inversiones, presuntos voluntarios acechan el cráneo famélico a punto de doblegarse sedientos de su lastimera y acomodaticia actitud servil. Servirles a los recién llegados, se ha convertido en la desgracia detrás de la desgracia. Ahora una delegación extranjera que en vez de mandar su fuerza productiva hecha tecnología, envía personal médico que hay que sostener en esta situación agobiante para la economía local. Mañana una caravana artística que dejó su fama en la utilería y la tramoya, que espera ser reivindicada por supuestos actos píos. En otra ocasión voluntarios que al tener la aplicación sismológica en sus dispositivos, no dejó dormir en los campamentos a los damnificados, pues cada cinco minutos habría que replegarse a áreas dispuestas por ellos. Pasando por psicólogos que desean despuntar aumentando el pánico para este consumo profesional. Hasta saltimbanquis que se roban el corazón del público en sus actos, así como el plato en la mesa.

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Ser agradecido no debería ser sinónimo de mayor esfuerzo que el que ya de manera infrahumana se padece. Quien venga a servirse de la desgracia istmeña, debería ser tratado con un agradecimiento magro, al alcance de un “circúlele”, “usted allá y yo acá”, “yo me muevo para no salir en la foto”, “si usted necesita evidencias fotográficas, de video, yo necesito tranquilidad”. En eso se escudan las metrópolis: la estatura ciudadana la crean las ciudades. La provincia, ¿cuándo detentará su resistencia autonómica?

Al Istmo de Tehuantepec, artistas plásticos de fama supina le quieren vender supuestas obras de arte para que lo recaudado se done a los damnificados. Comerciantes de prendas autóctonas, tienen a presuntas tejedoras, bordadoras y artesanas de la confección para ayudar a proliferar la economía local, no obstante el volumen disparado en últimas fechas de desconocidos en ese rubro económico que se aprovechan de la desgracia para generar competencia desleal a quien sí lo venía ejerciendo desde antes del terremoto del 7 de septiembre. Es la hora de desembodegar la mercancía, crear una necesidad cualquiera y hacerla pasar por un precio tasado de acuerdo con la desgracia: “ellos (los damnificados) te necesitan”, “no te niegues a colaborar”, “esta es tu oportunidad”.

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Los aspectos mercadológicos inundan el espacio vital del habitante promedio del Istmo de Tehuantepec. Arquitectos e ingenieros civiles lucran con una vivienda increíble en la virtualidad y disfuncional ante la actividad sísmica. Habría que leer entre líneas las casas fastuosas que ya se han demolido en la zona de La Riviera de Juchitán de Zaragoza. Su reducción a escombros y después a espacios huecos, hace elucubrar que su altivez estética no necesariamente ha vendido su solidez arquitectónica. El profesorado que se alquila en instituciones privadas, se encuentra sin ingresos, pues los propietarios les tiran la bolita a los padres de familia que piensan que pagar la colegiatura del mes de septiembre es inaudito, hasta el adjudicarle al docente el costo de la reparación que representan sus propios intereses patrimoniales.


Twitter: @JNMIJANGOS

(Publicado en El Universal http://www.eluniversal.com.mx/articulo/noe-mijangos/nacion/desgracia-ajena-y-su-consumo-en-zona-de-desastre y en +Noticiasnet.mx Voz e Imagen de Oaxaca, 18/10/2017, p. 6A)

lunes, 25 de septiembre de 2017

EL ISTMO Y SUS RÉPLICAS SÍSMICAS

José Noé Mijangos Cruz

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El Istmo de Tehuantepec se resiste a pasar a segundo plano, luego del protagonismo que le autorizó tener a la figura presidencial por estas tierras desde lo acontecido el 7 de septiembre. El sismo que sorprendió a la Ciudad de México por segunda ocasión, en la misma fecha, 32 años después, generó que las escasas aportaciones que venían llegando a aquella región, suministros que en volumen llegaban en forma de víveres y medicamentos, se interrumpieran hasta que las condiciones devenguen visos de control sobre el abasto ante la contingencia.

Algunas organizaciones, escasas a estas fechas, aunque siguen circulando ese tipo de beneficios en la región del Istmo, consideran agotada su tarea, luego de que los albergues que se instauraron para darle cabida a los damnificados cuentan con lo necesario para atender sus necesidades, que cubren el mínimo básico, en espera de obtener condiciones de rehabilitación, remoción o construcción de sus viviendas. En Juchitán, las despensas no han agotado la vida comunal. Los comedores comunitarios que existen en la novena sección, son un ejemplo de que se vive con el ánimo generoso por restablecer sus jornadas a partir de obrajes que requieren tecnología que ellos mismos hacen funcionar y un capital que se logra a partir del ahorro familiar.

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En Juchitán, el mercado vive en el parque municipal. Hasta este viernes lucía un abasto importante de víveres a precios controlados, cuya diversidad hacía encontrar gran parte de los artículos de la dieta de un poblador istmeño promedio. Es una comunidad donde los hornos para preparar pan, pescado, comixcal o totopos, reclaman a la economía local su normalización inmediata, pues con los recientes sismos muchos hornos istmeños resultaron dañados y cuya reparación no garantiza su cabal funcionamiento.

La economía tradicional de Juchitán y de las comunidades del Istmo de Tehuantepec, es quien está abasteciendo a las familias de esta región. El trabajo del comerciante minorista que se avitualla de fletes foráneos suma puntos a favor de los lugareños que pueden conseguir artículos para el sustento diario. Los supermercados y las tiendas de conveniencia franquiciatarias eluden su responsabilidad de abasto, no obstante que el capital invertido se encuentra asegurado. Las despensas, así como guarniciones para hacerle frente a la intemperie (lonas y colchas) se han traducido para los gobernantes, en desidiosas e insidiosas (se da y se recibe a conveniencia, según lo demande el contexto), administrándose la dotación como si se le vendiera austeridad a quien la padece, aunado a medidas raquíticas para disponer de créditos morales a quienes necesitados de evidencias para mantener su prestigio conseguido en razón de una desgracia nacional, requieren posar para la foto.

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La reconstrucción del Istmo es mayúscula y se teme que ahora lo aportado por fondos internacionales que operan a manera de seguros en materia de siniestros, sean redistribuidos a lo largo y ancho del país, no obstante se haya logrado a partir de una magnitud sufrida en la escala de Richter en el orden de los 8.2 grados, cuyas comunidades afectadas son solamente los 41 municipios oaxaqueños documentados aquella noche del 7 de septiembre.

En Asunción Ixtaltepec, el puente emblemático que lo unía con El Espinal ha pasado a la historia, donde se notó sólo la orden de no transitarla, sin que se supiera su destino, como se debe proceder ante una sociedad informada. Además el río bajo ese puente, se está llenando de cascajo, sin hacer conciencia sobre una probable represa que magnifique las inundaciones ante los meteoros que siguen haciendo presencia en la zona.

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El Istmo de Tehuantepec amaneció sobresaltado este sábado. La memoria colectiva se debatió entre la ansiedad y la frustración: otra vez reportarnos con los familiares para informarles que estábamos vivos, otra vez el desabasto de artículos básicos, otra vez las señales de telefonía móvil restringida, otra vez la deselectrificación, otra vez taxis y mototaxis creyéndose indispensables para la travesía extraordinaria. Gente saliendo y entrando a colonias donde viven sus parientes con patios o terrenos para alojarse temporalmente. El miedo nos atacó con fuerza. ¿Otra vez la libraremos?, se escuchó musitar en nuestra conciencia.


Twitter: @JNMIJANGOS

(Publicado en El Universal http://www.eluniversal.com.mx/articulo/noe-mijangos/nacion/el-istmo-y-sus-replicas-sismicas en The Mexican Times http://themexicantimes.mx/el-istmo-y-sus-replicas-sismicas/ y en +Noticiasnet.mx Voz e Imagen de Oaxaca, 25/09/2017, p. 6A)

miércoles, 13 de septiembre de 2017

EL JUCHITÁN DE FERRATER MORA

José Noé Mijangos Cruz



La comunidad de Juchitán no era conocida con la solidez de una población en donde la pujanza urbana, comercial o social, hubiera aparecido con esa fuerza que prevalece en las metrópolis. A no ser que la política se instalara como ocurrió hace unas décadas, Juchitán vivía de la emoción local en una trinchera artesanal. A Juchitán le acaba de pasar lo que alguna vez sugirió para la comunidad catalana el académico español radicado en los Estados Unidos Ferrater Mora: que un terremoto se hiciera presente en la Generalitat del entonces presidente Jordi Pujol para que esa región autónoma se diera a conocer.

Juchitán ahora recorre el mundo ante un escenario inédito: su población sufre un terremoto de 8.2 grados Richter, en donde la mayoría de las viviendas se afectaron considerablemente y en donde el luto pesa con esa nebulosa de dislocación ambiental que circunda sus calles y el zócalo tradicional. Juchitán se encuentra acaparando la noticia ante una situación que lo ha llevado a ser el discurso preferido de la política, ante una porción de esa sociedad que resiente su dolor en la desesperanza, la incomprensión y la falta de desempeño meteórico de sus autoridades.



El centro de la ciudad de Juchitán, Oaxaca, lugar emblemático por su concurrencia permanente, está en una situación de deterioro que impide habitarse, incluso, arremolina a sus pobladores pero ahora para servir de culto a la catástrofe y no para la plática amena y la reunión social. Los daños son cuantiosos y el luto sólo quedó en la bandera izada en los primeros minutos del viernes por un habitante que se aprestó el duelo ante un promontorio de sutilezas que contaban la historia y la gallardía de sus habitantes, aunque la sencillez de vida que llevaban no robara el protagonismo que ahora algunos medios de comunicación y familias encumbradas de este lugar pretenden robar sin ningún escrúpulo. La declaratoria de zona de desastre debe elevarse al nivel de enviar recursos urgentes para comenzar los trabajos de rehabilitación de accesos principales, barrido de escombros, demolición de casas inhabitables, construcción de inmuebles y readecuación de edificios públicos.

Juchitán es su gente campirana, sus artesanos, sus artistas, en una comunidad que todavía conserva la templanza de una raza que empieza con lucidez sus labores matinales, una comunidad que festeja en las calles sus danzas y sones que pendulan esas vestimentas únicas al compás de una altiva paisana y un acompañante que coordina su atuendo con su esfuerzo cultural legado centenariamente. Al Juchitán de Ferrater Mora, también se le anota Unión Hidalgo, Asunción Ixtaltepec, Ixtepec y Salina Cruz, entre otras localidades. Comunidades que fueron minimizadas por alguna razón de desinformación extendida hacia autoridades federales, estatales y municipales.

Los que habitamos este lugar, vivimos una noche comprometida aquel fatídico 7 de septiembre. La situación era de descontrol general. Personas deambulaban por las inmediaciones de Juchitán pretendiendo alejarse de este lugar que alguna vez los cobijó. Alejarse de Juchitán fue la idea más sobresaliente. Los que se quedaron, generalmente eran habitantes nativos de Juchitán que querían disponer de recursos para auxiliar a sus familiares, pero los recursos eran escasos. El servicio público de transporte colapsó, ante la amenaza sumada de delincuencia avalada por la oscuridad de la noche y la deslectrificación. Ya de por sí la delincuencia desatada del Juchitán de Ferrater Mora venía encumbrándose desde hace un buen tiempo, lo que puso a los habitantes en ascuas tras el uso de la fuerza pública municipal sólo para hacer presencia continua en su zócalo o zonas céntricas, ocupando la periferia esa misma policía sólo para distribuir personal desde su cuartel y hacia su cuartel.



Pocos hemos recorrido sus áreas céntricas. La tristeza y la preocupación de otro movimiento semejante al del jueves 7 de septiembre, sigue viviendo entre sus ocupantes. La zona de La Riviera, donde se encuentran viviendas de interés alto, sufrió daños inmensos, pues se encuentran colapsados algunos inmuebles y otros con daños en bardas y paredes. Los vidrios astillados se notaron en Harmon Hall, centro de enseñanza que se encuentra en esa misma zona.

La venta de pánico es fluctuante en el ambiente juchiteco. Mayor pánico genera mayor utilidad de las ventas a precio alzado, además que propicia mayor encubrimiento de ayudas presuntamente humanitarias que traen aparejados tintes políticos de grueso calado.

Twitter: @JNMIJANGOS

(Publicado en El Universal 13/09/17 http://www.eluniversal.com.mx/columna/noe-mijangos/nacion/el-juchitan-de-ferrater-mora y en +Noticiasnet.mx Voz e Imagen de Oaxaca, 11/09/2017, p. 6A)